El próximo
sábado 10 de octubre llega al Teatro Municipal Marcelo Grande de Tomelloso
«Mihura, el último comediógrafo». La obra, escrita por Adrián Perea y
dirigida por Beatriz Jaén, es uno de los estrenos más esperados de la
nueva temporada. Hablamos con David Castillo, que interpreta al
dramaturgo en su juventud, muchos años antes de convertirse en el hombre que
encarna Rulo Pardo. El actor habla del proceso de creación, de la complicidad
con su compañero de reparto y de ese juego entre dos edades de un mismo
personaje que es una de las claves del montaje.
David
Castillo se enfrenta en «Mihura, el último comediógrafo» a un personaje que, en
realidad, son dos. Él interpreta al escritor en su juventud; Rulo Pardo,
en su madurez. Entre ambos construyen el recorrido de un hombre que todavía
está lejos de ser el autor que acabará conociendo el público.
Castillo
reconoce que, al acercarse al personaje, también tenía en la cabeza la imagen
del Mihura mayor, el escritor de carácter difícil que forma parte del
imaginario colectivo. El reto consistía en encontrar al hombre que había antes
de todo aquello.
«Todos tenemos esa imagen de ese señor mayor, con su cojera, testarudo y cascarrabias, pero todos hemos pasado por otro lugar hasta llegar ahí», explica. La obra permite precisamente asomarse a ese
momento anterior, cuando todavía están por delante muchas de las experiencias
que acabarán marcando su vida.
La relación
entre los dos actores es fundamental para contar ese recorrido. Durante los
ensayos, Castillo y Pardo intercambiaron los textos y trabajaron juntos para
encontrar la conexión entre las dos etapas del personaje.
«Hacíamos
ejercicios en los que nos íbamos diciendo el texto el uno al otro. Al final,
con la complicidad de los propios ensayos, se genera esa conexión», cuenta.
Esa conexión
aparece de forma muy concreta sobre el escenario. En dos momentos de la
función, ambos personajes se pasan el testigo y aparecen los papeles de Tres
sombreros de copa, la obra que marcará de manera decisiva la trayectoria de
Mihura.
«Hay dos momentos
en los que directamente, sobre el escenario, le paso el testigo a Rulo. Nos
pasamos los papeles de Tres sombreros de copa. No hay una manera más
bonita de representar ese relevo», señala Castillo. Es un gesto sencillo, pero cargado
de significado. «Es muy sutil. Hay que estar atento, porque no es algo que
se señale de una manera obvia, pero sí se muestra ese relevo generacional»,
apunta.
El montaje
también se enfrenta a una cuestión inevitable cuando se recupera hoy a un autor
como Mihura, cómo mirar desde el presente un humor escrito en otra época.
Castillo cree que hay que conocer el contexto antes de juzgarlo con los ojos
actuales.
«Cada uno
somos hijos de nuestra época y hay que saber cuándo se hicieron las cosas», sostiene. En la propia función han
querido jugar con esa cuestión y revisar algunas situaciones desde la mirada
contemporánea. «La obra ya ha revisitado esos lugares. Incluso nos reímos un
poco de eso y le damos la vuelta».
Ese juego
es, de hecho, una de las palabras que más aparecen cuando Castillo habla del
montaje. La obra no pretende convertir a Mihura en una pieza de museo. Hay
humor, movimiento y una complicidad constante entre los actores.
«Es muy
fácil que cualquier trabajo, por muy divertido, ilusionante y querido que sea
para uno, termine convirtiéndose en un trabajo con todas las connotaciones
negativas que tiene esa palabra. Y esta función tiene mucho de juego y de
diversión», explica. Por
eso intentan conservar esa actitud en cada representación. «Le hacemos mucho
caso a Miguel Mihura y nos lo tomamos todo como un juego», dice entre
risas.
Después de más de un año de recorrido, la función ha encontrado su propio camino y Castillo valora especialmente la respuesta del público. «Está teniendo una vida muy bonita. Tuvo una acogida preciosa y es una alegría», asegura.
El actor
llega a Tomelloso con una trayectoria que combina teatro, cine y televisión. Ha
trabajado en montajes como Retorno al hogar, RUN (Jamás caer vivos),
Lulu, Pedro de Urdemalas o Emilia, y en series como El
tiempo que te doy, La última, El Cid, Amar es para siempre
o Aída. En los últimos años ha alternado ambos medios, sin entender el
escenario y la cámara como territorios enfrentados.
La llegada a
Tomelloso tiene además una curiosa conexión con Emma Suárez, con quien
Castillo ha trabajado y que mantuvo una estrecha amistad con Marcelo Grande,
el artista cuyo nombre lleva el teatro municipal. La actriz estuvo vinculada
durante años al escenógrafo y pintor tomellosero, una coincidencia que añade un
pequeño vínculo con la ciudad a la visita de la compañía.
El próximo sábado,
David Castillo será el Mihura joven. Rulo Pardo, el hombre en el que acabará
convirtiéndose. Dos edades, dos actores y una misma historia que permite mirar
al dramaturgo antes de que se convierta en el personaje que todos creemos
conocer.
Y, sobre
todo, recuperar al hombre que estaba detrás. «La persona que de joven tenía
ese viaje alegre», resume Castillo.
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Sábado, 3 de Octubre del 2026
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